Ir al contenido principal

EXTREBEO

[Podcast y reseña] Viñetas y Acordes (La Música en el Cómic: introduciendo el tema)

Muy buenas

¡Vamos al lío otra temporada!

Viñetas y Acordes (La Música en el Cómic: introduciendo el tema)

¿Qué relación puede haber entre música y cómics? Vemos clara la relación entre cine y música, por ejemplo, incluso entre cine y cómic pero… ¿Se puede dibujar el sonido? ¿Puede un medio silencioso como el cómic comunicar de forma eficaz en relación con la música?

Pues veremos que resulta que estas dos artes, aparentemente opuestas, una visual y estática, en principio, y otra auditiva y temporal, se complementan a la perfección porque… ¡nuestra vida es audiovisual! Los lenguajes que hemos inventado cuentan historias, más concretas en datos en algunos casos, más abstractas en otros, pero dado que todos se mezclan en nuestra cultura y en nuestra vida diaria, los encontramos a menudo mezclados y trabajando juntos… con más o menos armonía.

Para empezar podríamos preguntarnos cómo se representa la música en el cómic. De forma genérica pensamos inmediatamente en las onomatopeyas, un recurso característico del cómic y muy conocido -y utilizado fuera del noveno arte-; y sabemos que mediante símbolos musicales podemos hacer alusión a la música. Incluso, ¿no es la notación musical, las partituras, un lenguaje gráfico y visual como lo es el cómic, con sus propias reglas y signos, dispuesto en una secuencia? En el cómic también se juega con la rotulación, las palabras se escriben de distintas formas, y junto con los bocadillos podemos expresar subidas y bajadas de volumen, cambios diversos en los sonidos, sean humanos o no, y añadiendo el factor color, las sombras, podemos experimentar casi infinitamente (calidez, distorsión, cambios de ritmo…). El ritmo es un punto clave de conexión entre música y cómics pues en ambos casos éste es fundamental. En la música marca la organización temporal de los sonidos y los silencios, definiendo por tanto cómo va a ser una pieza y las sensaciones que va a transmitir. En el caso del cómic marca la velocidad de la narración y transmite el tiempo transcurrido al lector. A diferencia de otras formas de comunicación, música y cómic tienen en el tiempo un elemento esencial de su funcionamiento. Y en ambos el intérprete, ya sea el lector, ya sea el músico o cantante, da vida a la narración cuando la ejecuta al leerla, al interpretarla.

Entrando ya en la mención a cómics que han tratado el tema de la música como argumento central podríamos distinguir entre dos grandes tipos de obras:

Por un lado están aquellas que directamente representan una obra musical, es decir, tratan de expresar lo que la música transmite. Si nos parece natural el videoclip de una canción, también se hace algo parecido en el cómic. Se hacen historietas que expresan piezas musicales, a veces más narrativas y, por tanto, fáciles de entender y a veces más abstractas y con un mayor grado de experimentación en lo gráfico:

  • …como una ópera. Veamos El Anillo del Nibelungo, de P. Craig Russell, por ejemplo)  de P. Craig Russell (Planeta Cómic / Dark Horse Comics, 2000), es la adaptación al cómic de la colosal tetralogía de óperas de Richard Wagner. Destaca por traducir el lenguaje lírico y los motivos musicales (leitmotivs) de la ópera clásica al ritmo y narrativa del cómic.
  • o una pieza más breve como una canción. Así lo encontraremos en obras como La encrucijada encontramos un disco-comic con 150 págs y 11 canciones del grupo Seguridad Social); en él Paco Roca y José Manuel Casañ (Astiberri Ediciones, 2017), dialogan y reflexionan sobre los orígenes del rock, la rumba y el punk. Examina la anatomía de una canción, las raíces de la música popular y el proceso de creación artística.  o Bob Dylan revisited, de varios autores: Dave McKean, Lorenzo Mattotti, Joann Sfar, entre otros (Norma Editorial / Delcourt, 2009). Una antología donde 13 autores de cómic adaptan e interpretan visualmente 13 de las canciones más emblemáticas de Bob Dylan. Analiza la poética de sus letras y explora cómo la música folk y de protesta se traduce en conceptos gráficos e imágenes metafóricas.

Por otro estarían las obras que repasan la historia de la música, de un género, de un estilo…

  • Murder Falcon, de Daniel Warren Johnson (Astiberri / Image Comics, 2018. Jake es un guitarrista traumatizado cuya vida cambia cuando aparece Murder Falcon, un ser interdimensional que obtiene su poder de los riffs y solos de guitarra. El cómic aborda el heavy metal no solo como una fuerza física para combatir monstruos, sino como una metáfora del poder terapéutico de la música para canalizar el duelo, la enfermedad y la catarsis emocional.
  • Pop!, de Luis Bustos (Astiberri Ediciones, 2019). Un libro ilustrado a doble cara que rinde homenaje a la cultura del pop y el rock desde la sátira y el humor. Aborda la obsesión melómana, los tics de las tribus urbanas y la relación emocional del oyente con las canciones que marcan la banda sonora de nuestras vidas.
  • Hip hop family tree , de Ed Piskor (Flow Press / Fantagraphics, 2013). Obra enciclopédica y documental que narra los orígenes y la evolución de la cultura hip-hop desde finales de los años 70 en el Bronx. Explora el desarrollo técnico del turntablism, la invención del sampling y los inicios de figuras clave como DJ Kool Herc, Grandmaster Flash o Afrika Bambaataa, retratando cómo un movimiento urbano cambió la historia de la música contemporánea.
  • El pequeño libro de la black music – Hervé Bourhis (Norma Editorial / Dargaud, 2010). Un recorrido cronológico e ilustrado que repasa los grandes hitos, discos e intérpretes de la música afroamericana. Trata géneros como el blues, gospel, jazz, soul, funk y hip-hop, aportando un valioso contexto sociocultural sobre el papel de la música negra como motor de cambio social y creatividad artística.
  • Red rocket 7, de Mike Allred (Planeta DeAgostini / Dark Horse Comics, 1997), es una historia de ciencia ficción sobre Seven, el último clon de un alienígena que termina influyendo directamente en los momentos cumbre de la historia del rock. Repasa la evolución de la música popular desde el rockabilly de los años 50 hasta el glam, el punk y el grunge, sirviendo como tributo a la innovación sonora y la mitología de las estrellas de rock.
  • También se han explorado en el cómic géneros como el flamenco (con figuras como Camarón o Federico G.ª Lorca, por ejemplo), la copla (Doña Concha: La rosa y la espina, de Carla Berrocal o Miguel de Molina, de Rafael Jiménez, Bea Gutiérrez y Jessica Silván), la propia música clásica instrumental como Nodame Cantabile, de Tomoko Ninomiya, una obra de referencia absoluta (comedia romántica que sigue a Shinichi Chiaki, un brillante y perfeccionista aspirante a director de orquesta, y Megumi «Nodame» Noda, una pianista desordenada pero genial que toca de oído. Destaca por su rigor técnico al explicar la estructura de las sinfonías y la vida dentro de las orquestas de conservatorios) o Glenn Gould: Una vida a contratiempo (Sandrine Revel)

Y, dentro de esto, estarían naturalmente los numerosos cómics sobre artistas individuales y grupos. Ya sea tratando de abarcar su historia completa (al menos en lo musical), como:

  • La historia de los Beatles – Angus Allan y Arthur Ranson (Norma Editorial, 1981 / 2022). Biografía ilustrada que repasa la trayectoria de The Beatles desde sus duros inicios en Liverpool y Hamburgo hasta la cima del éxito global y su posterior separación. Se centra en la evolución compositiva de la banda y cómo revolucionaron la industria fonográfica y la cultura pop de los años 60.
  • Nick Cave: Mercy on me – Reinhard Kleist (ECC Ediciones / Carlsen, 2017). Biografía gráfica que mezcla pasajes reales de la vida de Nick Cave con los personajes míticos que pueblan sus canciones. Profundiza en el proceso creativo del compositor, el rock gótico, el blues oscuro y la escritura como herramienta para lidiar con las adicciones, la pérdida y la fe.
  • One, two, three, four… Ramones (editado comúnmente como Los Ramones), de Xavier Bétaucourt, Bruno Cadène y Éric Cartier (Dibbuks / Futuropolis, 2017) https://13millonesdenaves.com/one-two-three-four-ramones/ Biografía de la mítica banda neoyorquina de punk contada desde la voz del bajista Dee Dee Ramone. Reflexiona sobre la filosofía del «hazlo tú mismo» (DIY), la crudeza de los tres acordes y cómo la sencillez y urgencia del punk desafiaron la pomposidad de la industria musical a mediados de los 70.
  • Hay bastantes cómics sobre jazz, sobre artistas famosos como Miles en París, de Salva Rubio y Sagar (Norma Editorial, 2019), reconstruye la estancia del trompetista Miles Davis en el París de 1949, donde descubrió un clima de libertad artística e intelectual y vivió un apasionado romance con Juliette Gréco. Muestra el bebop y el jazz no solo como virtuosismo, sino como un refugio existencialista frente al racismo de EE. UU; Django mano de fuego, de Salva Rubio y Ricard Efa (Norma Editorial, 2020), relata la trágica juventud de Django Reinhardt, el legendario guitarrista gitano que sufrió graves quemaduras en la mano izquierda tras un incendio. Destaca la superación personal y la reinvención musical: cómo Django adaptó su técnica a su discapacidad para crear un género entero, el jazz manouche (gypsy jazz), así como otros muchos como Billie Holiday (Carlos Sampayo y José Muñoz), Chasin’ the Bird: Charlie Parker en California (Dave Chisholm). Monk! Thelonious, Pannonica y la amistad con la que nació el bebop (Youssef Daoudi), Total Jazz / El cantar de Pasolini, de Blutch (historias cortas que demuestran cómo el dibujo libre y expresionista puede sonar exactamente igual que una sesión de jazz).
  • Bowie: Polvo de estrellas, pistolas de rayos y fantasías de la era espacial, de Michael Allred, Steve Horton y Laura Allred (Norma Editorial / Insight Comics, 2020), es la una biografía centrada en la creación, apogeo y retiro del célebre alter ego de David Bowie, Ziggy Stardust. Explora la era del glam rock, la teatralidad en la escena musical y el camaleonismo como parte indivisible de la identidad del artista.

Para finalizar podemos citar cómics en los que la música juega un papel central de su ambientación o su argumento, si bien no se centran en un grupo o solista, ni pretenden divulgar nada en relación a la música o su historia:

  • Solid state, de Matt Fraction, Jonathan Coulton y Albert Monteys (Gigamesh / Image Comics, 2017), es una historia de ciencia ficción distópica concebida como un proyecto transmedia coordinado de forma simultánea con el álbum de música electrónica homónimo del cantautor Jonathan Coulton. Aporta un diálogo entre narrativa visual y composición musical donde las canciones y las viñetas se complementan mutuamente.
  • Scott Pilgrim, de Bryan Lee O’Malley (Astiberri / DeBolsillo / Oni Press, 2004), es una comedia con estética de videojuego sobre un joven canadiense, bajista de una modesta e inexperta banda de indie rock llamada Sex Bob-omb, que debe vencer a los ex malvados de su novia, Ramona Flowers. Muestra el día a día de las bandas de garaje, las ‘batallas de bandas’ y el panorama del rock independiente de los años 2000.
  • The Wicked + The Divine, de Kieron Gillen y Jamie McKelvie (Norma Editorial / Image Comics, 2014) es una fantasía donde doce deidades se reencarnan cada noventa años en jóvenes que se convierten en superestrellas de la música pop antes de morir trágicamente a los dos años. Trata la cultura del estrellato, el fanatismo, la deificación de los ídolos musicales y la naturaleza efímera del consumo del pop.
  • Blue Note: Los últimos días de la ley seca, de Mathieu Mariolle y Mikaël Bourgouin (Norma Editorial / Dargaud, 2013), es un drama noir ambientado en Nueva York en 1933 que entrecruza los destinos de un boxeador retirado y un talentoso guitarrista de blues en vísperas del fin de la Prohibición. Retrata los bares clandestinos y utiliza el blues como vehículo para transmitir el dolor, la corrupción urbana y la melancolía.
  • Jazz Maynard, de Raule y Roger Ibáñez (Diábolo Ediciones / Dargaud, 2007), es una serie policíaca ambientada entre Barcelona y varios puntos del globo, protagonizada por un hábil ladrón de guante blanco y trompetista virtuoso de jazz. Aporta a la narrativa del cómic la cadencia, elegancia, ritmo acelerado e improvisación propios del jazz.
  • Punk Rock Jesus, de Sean G. Murphy es una curiosidad con un argumento que, recordándonos a otras historias, no está carente de originalidad. ¿Y si se encontrara ADN de Jesucristo y se utilizara para clonarlo y, ya de paso, se criara al chaval como si del protagonista de El show de Truman se tratara… pero al final resultara ser un chico rebotado, antisistema, ateo… punky? Pues con esa premisa, que no se entiende cómo no se ha hecho ya una serie o película con ella, aunque sin duda sería polémica, esta obra nos habla del carácter de vehículo de protesta tienen ciertos estilos musicales y formas de entender el oficio de músico.

El tema es, como cabe suponer, inabarcable. Con este artículo solo queremos animar a cualquier aficionado al cómic, a la música o, por supuesto, a ambas cosas, a descubrir todo un mundo de obras. Igual que en el cómic suenan las explosiones y gritan (o susurran) los personajes podemos escuchar la música. El cómic no es mudo si el lector sabe activar su imaginación musical. Y si acaso ésta falla podemos acudir a los (no pocos) tebeos que incluyen lista de reproducción, como la inclasificable y genial serie La peor banda del mundo del portugués José Carlos Fernandes.  

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *